No Walls, No Limits by Héctor

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Por Héctor Ledezma

El sexo oral es una de las prácticas que más se disfruta, sin embargo, muchas mujeres se quejan de que no saben cómo hacérselos, mientras que otras sienten repulsión al acto

Dentro de las prácticas sexuales más populares y placenteras está el sexo oral, ya que permite una buena estimulación además de que es algo que se realiza perfectamente en pareja, tanto hombres como mujeres pueden hacerlo y disfrutarlo.

Sin embargo, como en todo lo relacionado al sexo, hay mitos que no permiten que se disfrute de una sexualidad plena, poniendo barreras tanto para dar como para recibir; también es fuente de temor por contraer alguna infección de transmisión sexual y por ser considerado a veces como “algo sucio”.

Sobre esto platicamos con la sexóloga y psicoterapeuta Josefina Flores:

“El sexo oral es una de las opciones para vivir la sexualidad; muchas personas lo refieren como una de las actividades más íntimas, por lo que no todos lo hacen o lo piden, incluso hay parejas que deciden no vivirlo y son las mujeres las que en su mayoría no quieren compartir esta experiencia, ni haciéndola ni recibiéndola.”

La educación sexual es de suma importancia, por desgracia se carece de ella en demasía, por lo que los órganos sexuales son vistos como algo sucio y, en el caso de las mujeres, les da pena pedirlo o hacerlo, ya que posiblemente no han asumido su propio cuerpo, no es algo que se les enseñe desde pequeñas; cosa distinta en los hombres que tienen un contacto más directo desde temprana edad.

“Es muy raro que las mujeres vean y por lo tanto conozcan sus órganos sexuales, parece que no logran integrarlos a su imagen corporal; a veces es la higiene lo que las limita, sin embargo, lavando adecuadamente y teniendo ciertos cuidados la vagina está perfecta .”

“No me gusta el sexo oral”

El sexo oral, como muchas otras prácticas sexuales, es un cúmulo de sensaciones, muchas de las cuales pueden ser demasiado intensas, y el no incorporarlas es también parte del rechazo: “La vulva y el clítoris son infinitamente sensibles, y hay que reconocer que mucha gente es brusca, hay que ir tanteando qué es lo mejor para cada quien, lo que puede gustarle a una mujer puede disgustarle a otra. Es más sencillo si la mujer se contempla y se conoce para que pueda guiar y por lo tanto, disfrutar.”

Algunos afirman que lo prohibido es lo más placentero, otros que si no es bien visto es por “algo”. Todos tenemos derecho a disfrutar de la sexualidad y hay infinidad de maneras para hacerlo, siempre hay invitación a probar y, con base en ello, decidir.

“No hay mujeres anorgásmicas, sino malas lenguas”

Las mujeres que aceptan el sexo oral como una práctica recurrente, afirman, entre otras cosas, que no les gusta cómo se los hacen, pues no son gentiles y sí muy bruscos. Las siguientes son unas de las cosas que dicen ellas respecto al sexo oral (buenas y malas):

– No me gusta que esté sin lavarse, con olor a vestuario.
– Me duele cuando lo hace de manera brusca.
– Me enoja que no se baje a besarme porque dice que huelo muy fuerte.
– Siempre dice que le da asco.
– Me encanta cuando me besa suavemente por todo el clítoris y los labios.
– Me da un goce sublime cuando recorre toda mi zona de la vulva y el clítoris, sin apresurarse al coito.

En el caso de las infecciones de transmisión sexual, está comprobado que en el caso de VIH el porcentaje de contagio es mínimo; sin embargo, hay otro tipo de infecciones que pueden contraerse, pero pueden evitarse con un chequeo y, sobre todo, mucha higiene. La sexóloga recomienda no usar productos, salvo que un médico ginecólogo lo recomiende, basta con jabón neutro y agua.

La comunicación es muy importante: “A veces les da mucha pena hablar sobre el asunto y no detectas qué es lo que pasa, es bueno decir qué es lo que no les gusta, lo que sí; no es forzar, sino invitar, lo ideal es intentarlo unas tres veces, es como con la comida, si probamos un sabor muy nuevo puede no gustarnos, pero hay que saborearlo; si les gusta qué bien, si no hay que respetarse.”

Las mujeres son mucho más sensibles, el acto sexual no es sólo goce, por lo que a veces se sienten aisladas y hasta utilizadas. “Las mujeres dicen ‘Nada más pasa allá abajo, no me ves’, por lo que no hay que perder la relación, no hay que enfocarse sólo a los órganos sexuales, les importa sentirse queridas, que importan, no les gusta sentirse desconectadas, es bueno que mientras se realiza el sexo oral, las manos hagan alguna otra cosa.”

Tips para un buen sexo oral

– Los dientes no son invitados, sólo se recomiendan para dar un pequeño mordisco que pueda ser excitante (esto aplica para hombres y mujeres).
– Hay que poner mucha atención a los gestos, gemidos que puedan hacer, pues es un indicativo de si se está haciendo bien o no.
– Lo mejor es comenzar lentamente, con pequeños besos, jugar con los dedos, para ir aumentando la excitación.
– Hay que ir intercalando el sexo oral con el juego que puedan hacer las manos, los movimientos de la lengua que sean diversos, un soplido cuando están húmedos los órganos sexuales es excitante.
– Intenta probar el 69, donde los dos puedan experimentar sensaciones al mismo tiempo, si te distrae mejor evítalo.
– La gentileza es lo mejor, ser suave e incrementar sólo si la pareja lo pide; también puedes intentar subir de tono y si lo acepta, seguir.
– Las palabras sobran durante la práctica, no es recomendable decir algo, ya que puede distraer.
– La higiene es de suma importancia, es mejor si puedes asegurarte que estás limpi@ y que, por lo tanto, no habrá errores en ello.
– Usa mucho la imaginación.

Y ellos qué…

En el caso de los hombres, sin duda es casi una práctica obligada; es muy raro el hombre que afirma que no le gusta el sexo oral; puede que no le guste hacerlo, pero recibirlo es de lo más requerido; en los homosexuales es casi una práctica obligada.

Los hombres se caracterizan por ser menos sentimentales y cariñosos; una de sus fantasías es terminar en la boca de su pareja durante el sexo oral, sin embargo, a muchas mujeres no les atrae; puede generarles la sensación de ser utilizadas, pues muchos hombres debido a la extrema excitación manejan a su antojo la situación.

En general, es una práctica que puede ser tabú, pero no hay porqué no intentarlo ni tampoco obligarlo, siempre es importante estar de acuerdo.

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Tener sexo con o sin luz es más una cuestión de gusto; no influye más de lo que tú quieras, aunque puedes jugar con ella y convertirla en algo estimulante

En las relaciones sexuales influyen muchos factores para que sea placentera, partimos desde el preámbulo, ese momento de caricias y besos; aunque no faltan los que van a lo que van y se saltan ese paso. El lugar también es importante y depende mucho del gusto de la pareja, van desde la recámara hasta lugares inimaginables que muchas veces ayudan a romper la rutina. Sin embargo, hay un aspecto que habla mucho de la personalidad de las personas y de los miedos: la luz.

La iluminación en una relación sexual puede o no ser importante: “Depende mucho del gusto de la persona y/o pareja, por ejemplo, para los escoptofílicos (vouyeristas) es de suma importancia el ver, por lo que con la luz apagada es difícil que tengan relaciones”, nos comenta el sexólogo César Pérez del Imesex.

El sexo con o sin luz es también el reflejo de la personalidad, hay a quienes no les gusta ser vistos porque les da pena o algunos al no sentirse a gusto con su cuerpo prefieren hacerlo a oscuras o por lo menos a media luz.

“Eso es más común en las mujeres, sobre todo después de haber tenido un hijo o sufrido alguna operación, pues su autoestima baja un poco y les apena verse con estrías o cicatrices; en los hombres también se da, pero en menor porcentaje.”

Por otro lado, la luz en la relación puede ser parte de un juego, de experimentar; recordemos que en el acto sexual convergen todos los sentidos y el tener velas o hacerlo a media luz, puede ser un momento romántico y dulce, aunque si utilizas luces más salvajes, digamos de colores, puede ser un poco más salvaje.

A mí me gusta de noche

Hacerlo por la noche más que por el día es casi generalizado, más por costumbre que por preferencia: “Se hace porque es privado, porque en la noche a punto de dormir ya no hay molestias, obvio que hay excepciones y lo ideal es satisfacer las ganas y posibilidades; es más común que una pareja se vea para cenar y después haga el amor, y no en el desayuno.”

También las exigencias de la vida cotidiana hacen que las relaciones sexuales se vayan dando por horarios, muchos de los cuales son complicados de romper; mucha gente por las mañanas tiene ciertas actividades y acude a sus lugares de trabajo o escuela, lo que hace que el sexo no se contemple, sino hasta la noche.

Lo anterior es un factor que repercute en la monotonía de una relación, el no buscar opciones que satisfagan y den un plus; como el famoso “rapidín” que puede ser útil, “además una persona tiene más energía por las mañanas, incluso para los que tienen disfunción eréctil psicológica, pues pueden aprovechar, en el buen sentido, las erecciones matutinas”.

Con luz o sin ella, el tener sexo es algo privado, no es que se le deba dar importancia, ya que hay parejas que no le ven el mayor problema, aunque tampoco se puede negar que es un ingrediente con beneficios.

Dicen que para todo siempre hay una primera vez: el primer enamoramiento, el primer regaño, la primera nave y un montón de cosas más, pero nada como el primer momento en que se pierde el pudor, se va más allá y decides perder la virginidad, o sea, cuando es “la primera vez”.

Es un tema recurrente entre amigos; es común que la primera vez, y en la mayoría de las veces, no haya sido lo que habías pensado, incluso para algunos no es fácil hablar de ello. Lo cierto es que hay buenas anécdotas y suele haber quienes ríen cuando piensan en ellas.

Theredillas (así le dicen sus cuates) es un chavo de 22 años que tuvo su primera vez a los 17, casi a punto de cumplir la mayoría de edad: “Era diciembre, estaba tomando con unos amigos en un bar hasta que propusieron darme mi regalo de cumpleaños: llevarme a Sullivan para que me “estrenara”; estaba nervioso, ellos hicieron el trato, yo accedí.

“Jamás pensé que así sería mi primera vez, creí que sería con alguien que esperaba, pero no; lo disfruté a medias, no recuerdo bien cuánto duró, pero sí que deberían ser menos de 40 minutos, ni siquiera puedo ubicar el nombre de la chava, pero después de esa supe que la primera vez no es la mejor de tu vida.”

Hilden, una chava de 22 años, la recuerda como una mala experiencia: “No fue lo que pensé, no era mi novio, salimos como seis meses, lo planeamos, pero después de hacerlo lloré, me sentí un objeto sexual; él se enojó, sólo quería irme a casa. Después de eso vino el miedo a quedar embarazada y no porque no haya habido protección, creo que eso pasa siempre la primera vez.”

Sergio tiene 23 años y aún no ha tenido su primera vez: “No me da pena decirlo, no he tenido el gusto de la primera vez, he estado a punto de hacerlo, pero por alguna razón se arrepienten, lo que sí puedo decir es que espero sea con la chava que quiero para que sea un momento que recuerde con gusto.”

Decidir cómo, cuándo, dónde y, sobre todo, con quién puede ser algo difícil de responder con anticipación, a veces llega en el momento sin planear o preparar nada, hay quien sueña y mitifica la situación, lo cierto es que pocas veces llega a ser lo que uno esperaba.

Sabemos de antemano que cada quien es dueño de su vida y de su sexualidad, los que ya tuvieron su primera vez saben que lo mejor es dejar que llegue, que pase y disfrutarla lo más que se pueda, pues de ella pueden depender futuras relaciones. Una primera relación sexual mala, puede ser traumante o dejar secuelas difíciles de superar rápidamente.

No hay una edad determinada para iniciar la vida sexual, diversas instituciones que hacen estudios sobre uso de condón y prevención de Enfermedades de Transmisión Sexual, como el Instituto Mexicano de Sexología, dicen que en promedio es a los 16 años.

Lo cierto es que tú decides cómo, cúando, dónde y con quién, para que no sea una de tus peores experiencias.

Y tú, ¿cómo recuerdas tu primera vez?

En una relación sexual se conjugan muchas cosas, amor, placer, gusto, besos, caricias… A veces, se vuelve una carrera donde sólo habrá un ganador y el premio será el orgasmo, pero ¿qué tan importante es conseguirlo?

El orgasmo ha sido catalogado como la meta de una relación sexual y, a veces, si no se logra, puede ocasionar problemas; lo cierto es que hay que aterrizar y aprender muchas cosas acerca de él.

Josefina Flores, sexóloga y psicoterapeuta nos explica:

“El orgasmo es una sensación subjetiva; físicamente, durante la respuesta sexual, que tiene diversas fases, se tensan los vasos sanguíneos que se encuentran en la zona de la pelvis y el orgasmo tiene que ver con esa liberación que se crea por la acumulación de sangre. En la parte emocional hay quien tiene esa liberación y no un orgasmo.”

Para muchos, el orgasmo es visto como un trofeo, una meta, una obsesión y se pierde el componente primordial que es la relación misma: “Lo importante no es llegar, sino el camino, la gente pone la mira en eso y lo demás pierde importancia, es como si fuera un platillo, es rico saborearlo, desde la mesa, el olor de ese platillo y sentirse satisfechos.”

¿Por qué él sí y yo no?

El orgasmo es distinto en el hombre y en la mujer; en los dos hay fases, pero en los dos se vive distinto. El hombre tiene la respuesta sexual y hay un momento en que es inminente que el orgasmo viene en camino, donde ya no necesita mucha estimulación, pero en la mujer si se pierde esa estimulación, se va todo: “Esto causa problemas, pues si el hombre termina ya no necesita estimulación y pues ahí se queda, y la mujer entonces pierde todo, se debe seguir aún si ya se tuvo un orgasmo.”

Existe la creencia de que los dos deben y pueden llegar al orgasmo al mismo tiempo, con lo que se creará una conexión; sin embargo, esto no siempre sucede, pues cada cuerpo es distinto y responde diferente. Cabe destacar que es mejor conocerse y comunicarse para saber y descubrir la mejor manera de llegar sin que se pierda la magia en una relación sexual.

Sí puede tenerse un orgasmo al mismo tiempo, no es imposible, pero tampoco sencillo. Puede ser causa de problemas en una relación si se obsesionan en ello.

Multiorgasmos, ¿se puede?

Últimamente se ha creado toda una “parafernalia” alrededor de los multiorgasmos, incluso existen productos que los garantizan. Lo cierto es que se pueden conseguir sin necesidad de ellos, y sólo las mujeres, también los hombres pueden experimentarlos.

“Existen, pero la gente los busca como trofeos, y así no funciona la sexualidad; si no los experimentas tampoco significa que no seas capaz de disfrutar. En el proceso hacia el orgasmo hay una fase llamada meseta, donde está la mayor excitación; en los hombres la erección es más fuerte, es ahí donde se pueden tener multiorgasmos, ya que los orgasmos son pequeñas contracciones, lo mismo en las mujeres”.

En una relación sexual hay que entenderse para que el goce sea mutuo, sin que se tenga que dejar de lado el de la pareja o el propio. El que busca encuentra, pero como dicen por ahí, lo bailado nadie nos lo quita y ¿por qué disfrutar sólo la meta si en el camino se pueden hacer tantas cosas?

¿Ese orgasmo es tuyo?

Traumante o no, saber que el viejito “ése” no existe es una de las cosas que nos hace darnos cuenta de que empezamos a dejar de ser niños, de que la inocencia comienza a perderse y de que no habrá más regalos.

La cara de un niño recibiendo un regalo es simplemente incomparable; ellos tienen esa virtud: Decir o hacer lo que les nace, de enojarse si así lo siente, gritar si tiene ganas, reírse aunque los regañen por ruidosos.

Pocas veces hay oportunidades para recibir regalos, además del día de cumpleaños, el obligado es el Día de Reyes y, por supuesto, cuando llega Santa. Todos los que creímos, sabemos que esa noche, después de la cena navideña, no queremos dormirnos: El viejito barbado está por llegar, así que no falta el que se porta de lo mejor, no vaya a ser que lo vean y si hace alguna “travesura” se arrepienta de dejar los regalos. Hacemos lo posible por no cerrar los ojos, aunque el sueño termina venciéndonos, claro, éL usa sus poderes o polvos mágicos para que eso suceda.

Sin duda, “el mito” de Santa es muestra de que estamos creciendo, se convierte en uno de los indicativos de que la inocencia va desapareciendo. Cuando descubrimos que Santa, el gordito del Polo Norte que vemos en miles de películas, posters, en el Monumento a la Revolución multiplicado, en las plazas comerciales, ¡no existe!, nos respondemos a las preguntas que siempre nos hicimos.

¿Por qué nunca lo veo? ¿Cómo entra si no tengo chimenea? ¿Por qué no le trae regalos a los niños pobres? ¿Por qué si me porto mal me trae cosas? O, por el contrario, ¿me he portado tan bien y sólo me trajo la mitad de lo que pedí? ¿Cómo le hace para entregar tantos regalos a todos los niños del mundo? Todas las dudas se despejan.

El punto es el cómo nos enteramos. Me consta, porque así lo he vivido, que muchos se hacen los que no saben y no falta el “vivillo” que se encarga de decirles a todos que “Santa son tus papás”. Entonces, esa noticia se convierte en una tragedia. De inmediato buscamos la respuesta en nuestros padres, quienes, si lo creen oportuno, lo confirman y si no nos recetan respuestas como: “¡Qué le crees a ese niño!”, “a ver de dónde voy a comprar yo eso”, “seguro él es malo y Santa no le trae nada”. Cierto o no, la duda se queda.

Tenía 7 años, nací en diciembre y los tenía recién cumplidos. Esa Navidad del 92 fue de las más duras: tres pérdidas familiares mermaban los ánimos, hice la carta como todos los años, siempre quise un carro de control remoto, se lo pedí a mi padre, a Santa, a todo mundo, pero justo ese regalo no llegaba.

Estaba en la Ciudad de México, aquí pasé esa Navidad, pues no soy de aquí, me preocupaba un poco, pues que tal que Santa no me dejaba nada; estaba en casa de mis primos, un poco más chicos que yo, todo transcurría normal, después de la cena me fui a dormir. Algo debió pasar, al otro día no había más que un regalo y una bota de dulces, era un muñeco, muy feo por cierto.

Seguro hice berrinche, no lo recuerdo. Jamás jugué con el regalo, sólo me comí los dulces, pensaba que, en efecto, en mi casa estaban los regalos “buenos” o, por el contrario, que era cierto lo que me habían dicho en la escuela.

En primaria supe, o mejor dicho, me llegó el rumor de que Santa no existía, ¡vaya noticia! No hacíamos otra cosa que debatir en el salón si eso era verdad, la maestra nos dijo que el niño chismoso mentía, ¡uff! Creo que la mayoría nos tranquilizamos, aunque no dudé en preguntar, la respuesta fue la misma.

Sin embargo, como dice el dicho, “si el río suena es porque agua lleva”… Decidí esperar a los Reyes Magos, después de todo, mi padre siempre decía que Santa no era muy bueno, pero los Reyes sí. Y sin duda, esos tres hombres me trajeron juguetes más divertidos. No fue sino hasta el siguiente diciembre que tuvieron que decirme la verdad.

Al tener 8 años, muy grande para los regalos, y siendo un poco más despierto y observador, noté cómo había regalos por todos lados, ¿por qué los venden si Santa los fabrica?, ¿por qué la gente trae bolsas negras? La vecina guardaba los regalos de Santa en la casa de mis tíos, si ese día no me hubiera dicho que les dijera que iba a guardar sus regalos, seguro un año más hubiera seguido en la feliz ignorancia. Fue imposible, pregunté y la respuesta fue “Sí, Santa y los Reyes, somos nosotros”. Me explicaron y yo no lo podía creer, con todo y que era tan lógico, había crecido; sin embargo, ese año llegó el carro de control remoto que valió el no decirles a los más pequeños lo que yo sabía.

Después de todo no fue tan cruel. Ahora con muchos más años, creo que es complicado no caer en esas ondas consumistas, hay tantas cosas por las que los niños no pueden evitar sentirse atraídos, es que la inocencia es parte de ellos, y ¿por qué no conservarla aunque sea de esa manera? Ya los grandes se las ven negras con sus vidas y ocupaciones de “adultos”.

Ahora tengo una hermana de cinco años, fan de Santa, a los Reyes los conoce, pero a Santa lo respeta; es al que ve en todos lados, es con el que le gusta tomarse la foto, además está viejito como su abuelito, es al que le pide los regalos más bonitos y, de una u otra forma, es el más cercano a la Navidad.

Traumante o divertida, ¿recuerdas cómo fue la vez que dejaste de creer en Santa?


ÉSTE ES HÉCTOR LEDEZMA…CONÓCEME

Twitter: @natheleo

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Periodista y comunicólogo, editor, amante del tenis, de la vida, de la sexualidad como parte inherente al ser humano.

Comencé mi carrera en El Universal, en el sitio para jóvenes tva.com.mx, posteriormente llamado De10.mx donde fui redactor de sexualidad, además de reportero.

Coeditor en el sitio hiperlocal El Universal Del Valle, y en El Universal Estado de México.

Actualmente columnista de sexualidad y editor en el Semanario Hoy Valle de México del Estado de México.

Me gusta el teatro, el cine, la televisión, los espectáculos en general, por ello soy bloguero en Del Cielo a la Tierra

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