No Walls, No Limits by Héctor

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Por Héctor Ledezma

Los senos y pezones son una parte muy sensible y erógena del cuerpo femenino, por ello, la buena y correcta estimulación harán de ésta una de las preferidas.

Incluso, los hombres necesitan también estimular a su pareja en los senos para excitarse, lo que los convierte en una zona erógena muy poderosa para ambos sexos.

Con ellos también se pueden realizar técnicas sexuales; el tamaño no importa, de acuerdo a él sabrás qué juegos o qué prácticas se acomodan. Aquí algunas ideas:

1. Los senos pueden usarse como un masajeador. El sitio Nosotras.com dice que funcionan como lienzo, o como soportes para satisfacer a los paladares más traviesos.

2. La comida es tu aliada, puedes cubrirlos de chocolate, crema batida, miel, o lo que sea que te guste o le guste a tu pareja. Él tendrá que devorar lo que les pongas, sin usar las manos.

3. Antes de empezar la relación, que tu chico te quite el sostén, pero sin las manos, que lo haga lentamente con su boca, hazte la difícil para que el momento sea más placentero.

4. Hay una técnica de masturbación consistente en colocar su miembro entre tus senos. Lo demás ya depende de tu imaginación y de cómo estimularse mútuamente.

De acuerdo con el blog ElsyReyes.com, no está de más saber cómo es que se debe estimular esta zona erógena. Los pezones tienen una relación con el aparato genital, cuando sufren un cambio de temperatura se erectan, lo mismo cuando hay estimulación.

Un estudio realizado por Roy Levin del Departamento de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Sheffield arrojó que 81.5 por ciento afirmó que la estimulación a sus pezones incrementó su excitación sexual y a 78.2 por ciento le ayudó a alcanzar el orgasmo, afirma el blog citado.

Para una buena estimulación, Nosotras.com comparte una guía donde lo primero son las caricias suaves, incluso soplidos.

Luego viene la estimulación directa, donde se pueden usar manos, boca, lengua, un poco de presión y hasta succión.

Después de esos dos pasos, la excitación ya debe ser suficiente para pasar a otras partes del cuerpo, como la zona genital donde ya sólo se estimularía con las manos en menor cantidad.

Se recomienda cuando se esté incitando los senos no se centren sólo en ellos. Hay que combinar con otras partes. Algo importante tanto para los hombres como para las mujeres: no los muerdan, pues puede ser doloroso.

Por Héctor Ledezma

La envidia no es una enfermedad, pero sí se quita; lo importante es aceptarlo, entender que hay cosas, momentos, actitudes que otros tienen y que no nos corresponden

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No recuerdo cuándo fue la primera vez que escuché la palabra “envidioso”, debió ser cuando no quería prestar alguno de mis juguetes; después la usaba cuando los otros eran los que no querían prestarme algo, era un “súper insulto” que no terminaba de entender del todo.

Con el tiempo, fui conociendo esa palabra más de cerca, supe que la envidia es uno de los “Siete pecados capitales”, ¡qué fuerte!; al crecer, me di cuenta de que era algo común, que sólo algunos lo aceptaban, que muchos ni cuenta se daban y que otros la conocían poco.

Seguramente, muchos se han sentido objeto de envidia, sobre todo en la escuela, como cuando sacabas una mejor calificación, tu trabajo era el ejemplo o hasta por ser el o la más atractiva@. Aunque también la sentiste cuando alguien te bajó a tu chav@, tenía un mejor coche, un mejor promedio o más amigos.

La envidia no surge de la nada, se establece por dos cosas: el deseo y la comparación; del desear lo de otro, puede ser algo físico, económico o emocional.

“Es un sentimiento que surge de un mecanismo de defensa: identificación o idealización. El primero, se refiere a que las personas nos identificamos con otras, deseamos ser como ellas, tener (física y materialmente), actuar y llevar una vida similar. Esto no permite que uno acepte lo que tiene y ser personas satisfechas con la vida, ya que siempre hay que estar comparando lo que otros tienen como pretexto para no valorarnos y disfrutar lo que tenemos, tanto interna como externamente. El segundo, es la parte extrema del primero, es algo más enfermizo, ya que las personas lo desean de manera obsesiva y no se detienen por conseguirlo”, explica la psicóloga y docente Tere Álvarez.

En la vida parece inevitable que haya clases, niveles, un fuerte y un débil, desde siempre ha sido así, esto hace que nadie se salve de sentir alguna vez envidia: “Las causas pueden ser la inconformidad de no tener lo de otros, injusticia por no ser yo quien maneje o tenga el ‘poder’, vivir un sentimiento de menos valía con nosotros mismos, sentirnos víctimas de la vida debido a que no tenemos lo que queremos, enojo por no poseer lo que anhelamos, entre otras.”

¡Envidia de la buena!

La llamada envidia de la buena no existe; muchos lo escuchamos de amigos o conocidos que la dicen cuando tenemos un logro o sobresalimos en algo, aunque “son ellos los que se sienten menos culpables por no hacerlo de manera extrema, pero este sentimiento siempre trata de poseer lo del otro.”

Darse cuenta de que se está siendo envidioso es más sencillo que notar que eres objeto de envidia, ya que lo primero (de no ser enfermizo) se nota, “tal vez decidas no hacer ningún cambio, pero si te obsesionas, puedes perder la realidad y cometer muchas faltas y errores por conseguir lo que supuestamente te corresponde”.

Siendo el envidiado sólo lo percibes si es de una forma muy obvia, pues los envidiosos suelen no hacerlo tan visible, aunque sí con comentarios, gestos o movimientos corporales.

La envidia no es una enfermedad, pero sí se quita; lo importante es aceptarlo genuinamente, entender que hay cosas, momentos, actitudes que otros tienen y que no nos corresponden, además de tener la convicción de hacer cambios personales que nos lleven a sentirnos satisfechos, valiosos, orgullosos y en paz con nosotros mismos.

Por Héctor Ledezma

Sin duda, hemos querido vengarnos algunas veces, pero ¡aguas! ese sentimiento puede rebasarnos y traernos muchos problemas

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Muchas son las situaciones que nos generan odio, rencor y ganas de vengarnos; van desde querer hacerle “algo” a alguien porque te puso en ridículo, te dejó por otr@, te engañó, te fue infiel o hasta porque te difamó, te quitó el trabajo de tu vida, te metió en un enorme problema y una larga lista de etcéteras; todo está en los límites que tengamos y en si se lleva a cabo o no, pues hay quien dice que “la venganza es dulce”.

Antes es importante entender qué es la venganza. Tere Álvarez, psicóloga y docente nos explica:

“Es una forma de tomar revancha de algo que nos ha sucedido o nos han hecho, es decir, es como cobrar una deuda que nos molesta y nos incomoda tener. Se podría relacionar muy bien con el mecanismo de defensa que Freud catalogó como ‘desplazamiento’, que es en cierta forma el desquitarse de algo que no podemos enfrentar directamente y que emocionalmente nos desequilibra.”

Cuando algo nos pasa o alguien nos hace daño, sea directa o indirectamente, decimos “me las vas a pagar”, maldecimos, unos lloran o gritan y a veces sólo queda ahí. Todo eso sucede porque “es la parte afectiva que rebasa una manera de controlar ciertas emociones y que éstas se tornan en ideas o actitudes obsesivas, llenas de enojo e ira que de alguna manera tienen que salir.”

No se está exento de que por el enojo o porque el deseo de venganza rebasa la conciencia, se cometa algo para saciar esa “ira”: “El sentimiento rebasa una actitud de tolerancia, de paciencia, de reflexión y de un comportamiento mesurado y maduro. En algunas ocasiones, no se miden las consecuencias de un desquite ya que no hay control emocional.”

Los sentimientos y/o emociones que se involucran en la venganza son el enojo, la impotencia, la humillación, la poca tolerancia a la frustración, el deseo de control, de tener el poder, entre otros.


¿Y si me vengo?

La paciencia y el control de la situación son lo ideal, hay cosas que siempre tienen solución y depende mucho del caso que nos haya puesto en jaque para que se tenga ese deseo de venganza, el cual sólo nos quitará ese coraje, pero puede traer muchos problemas.

Tener esas ideas vengativas tiene su parte sana que radica en que “analizamos lo que nos está molestando y lo podemos verbalizar y dialogar, sobre todo con las personas que nos han herido; lo patológico es cuando se convierte en un pensamiento constante y perseverante, el cual se tiene que llevar a cabo a cómo dé lugar, sin tener en cuenta el daño que puede causar.”

No podemos negar que a veces sin querer causamos algo en los otros que los orilla a dañarnos, hay gente que nos echa “mala leche” y que pone en juego muchas de nuestras cosas, trabajo, escuela, casa, pareja, lo correcto es: “Dirigirse a la persona que nos está causando ese tipo de sentimientos para aclarar los malos entendidos. Si la persona no se presta o no está a nuestro alcance confrontarlo, lo mejor es canalizar ese enojo-decepción-ira en alguna actividad que nos lleve a relajarnos, como hacer ejercicio, platicarlo con alguien cercano que nos comprenda, escribirlo y dar opciones de solución”.

Siempre es mejor buscar la manera de diluir/debilitar la intensidad del severo efecto en nosotros. No es restarle importancia, mas bien es tomarlo como parte de un aprendizaje y de madurar, para estar alertas y preparados para afrontar desilusiones, desamores, decepciones, deshonestidades y situaciones que ponen en riesgo nuestra autoestima y salud mental.

¿Has hecho algo por venganza? ¿Qué harías?


ÉSTE ES HÉCTOR LEDEZMA…CONÓCEME

Twitter: @natheleo

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Periodista y comunicólogo, editor, amante del tenis, de la vida, de la sexualidad como parte inherente al ser humano.

Comencé mi carrera en El Universal, en el sitio para jóvenes tva.com.mx, posteriormente llamado De10.mx donde fui redactor de sexualidad, además de reportero.

Coeditor en el sitio hiperlocal El Universal Del Valle, y en El Universal Estado de México.

Actualmente columnista de sexualidad y editor en el Semanario Hoy Valle de México del Estado de México.

Me gusta el teatro, el cine, la televisión, los espectáculos en general, por ello soy bloguero en Del Cielo a la Tierra

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